La concejala delegada del Ayuntamiento de Grazalema, Lorena Gil, ha reconocido que los días fuera del municipio se vivieron con “mucha tensión, nerviosismo e inquietud”, especialmente ante la responsabilidad de coordinar el desalojo y atender a cada vecino en una situación incierta. “No todo el mundo acepta la noticia igual, pero nos lo han puesto fácil. Se fueron sin saber cuánto tiempo, ni cómo ni dónde”, explicó. La concejala grazalemeña destacó que el equipo de gobierno tuvo que asumir no solo su papel institucional, sino también un acompañamiento emocional constante. “Hemos hecho de concejalas, de alcaldes y también de psicólogos. Teníamos que estar fuertes para que ellos no se derrumbaran, darles respuestas aunque nosotros tampoco tuviéramos certezas”, señaló.




