Francisco Panadero vive su temporada de asentamiento en la categoría de bronce del fútbol español.

El delantero ubriqueño recalaba en el UP Langreo tras su paso por el filial sevillista y lo hacía con la intención de crecer como futbolista y demostrar que cuenta con un nivel más que suficiente para estar, al menos, en Segunda B. 

 El ariete llegaba a Asturias y cambiaba el grupo IV por el I si bien lo que no ha cambiado es el trabajo y el sacrificio que le han llevado ahí. Francisco Panadero aterrizaba en su nuevo equipo con unas expectativas que, a día de hoy, se están cumpliendo. 

Tras una temporada en la que las lesiones y el parón por la pandemia interrumpieron su progresión, este año sí que está gozando de la continuidad necesaria para un futbolista joven al que, además, en estas últimas fechas le está sonriendo la suerte de cara a gol. En el último partido, ante el Oviedo B, firmaba un doblete y una actuación que le servía para ser incluido en los onces ideales de la jornada en los diferentes portales especializados en la categoría. 

Panadero reconoce que está disfrutando y aprovechando la oportunidad que le brinda un club en el que ha encontrado un gran grupo humano y donde se le reconoce, por parte del cuerpo técnico y de la afición, la brega y el trabajo incansable de la que hace gala en cada entreno y cada partido. 

 Provisionalmente en la tercera plaza, el Langreo camina con paso firme hacia su primer objetivo que no es otro que la salvación. Una vez conseguida –asegura Panadero-, comenzarán a pensar en otras cosas si bien su mira está en el próximo partido ante el filial del Valladolid, que le precede en la clasificación. El delantero ubriqueño ha resaltado la igualdad reinante en un grupo en el que se mezclan filiales muy competitivos como el ovetense, el vallisoletano o el del Sporting, con históricos de la categoría y del fútbol nacional como el Numancia, el Burgos o la Cultural Leonesa.