La vida de José María, un niño de 14 años de Puerto Serrano, ha dado un giro radical. El joven nació con síndrome de Down y parálisis cerebral además de otras complicaciones de salud que le impidieron caminar y comunicarse hasta los 7 años. No obstante llevaba una vida casi normal hasta que hace dos años su estado de salud comenzaba a deteriorarse hasta el punto que tras una operación quirúrgica, su salud mental y su capacidad motora disminuyeron considerablemente.

Hace ya mucho tiempo que los padres de José María, quien también sufre al menos dos veces al día ataques epilépticos, no conciben la vida de otra manera que no sea estar entregados totalmente a los cuidados que requiere su hijo. “En el hospital nos llaman los tres mosqueteros porque siempre vamos juntos”, afirma Mariana Trandafir, su madre.

Hace unas semanas recibieron una llamada que les ha cambiado la vida. La Fundación López Mariscal de Ubrique había decidido donarle una grúa para mover a pacientes enfermos, una silla de ruedas eléctrica adaptada a sus necesidades y la reforma del cuarto de baño de su casa.

Su madre lo tiene claro y no duda a la hora de afirmar que esta acción “nos ha dado vida”. Tanto es así que tienen la sensación de que la “pesadilla” en la que vivían “por fin ha acabado”.

Gracias a esta donación, José María puede volver a salir a la calle a saludar a sus vecinos, y sus padres pueden desplazarlo y asearlo sin ningún tipo de complicaciones. Desde entonces José María es otro. “Nos dicen que parece que el niño está sano”, afirma Mariana Trandafir.